China celebró ayer con gran pompa los 40 años de reformas económicas que la convirtieron en la segunda economía mundial, al tiempo que el presidente Xi Jinping rechazó cualquier interferencia extranjera en el camino elegido por el gigante asiático. “No pretendemos tener la hegemonía en el mundo, pero nadie puede dictar al pueblo chino lo que debe o no debe hacer”, declaró Xi durante su discurso. (AP)
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